Otro aniversario…

Y aún mi corazón te recuerda. Hace apenas unos años que partiste, y tal vez no sepa la fecha exacta, pero eso no es lo que importa. Lo importantes es que, aunque te hayas ido tan lejos como a otro plano de existencia, tu imagen sigue aqui.
Siempre estarás en un espacio dentro de mi corazón, un espacion inamovible, tu espacio.

Recuerdas:

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Caer de nuevo

Me prometí no volver a ayudarte como antes porque me había convencido de que no valía la pena hacerlo. Fue un proceso difícil, doloroso, pero lo había logrado al paso del tiempo. Hasta hoy.
Escuché tu voz en mis oídos quebrándose poco a poco y a la mía en mi mente advirtiéndome que no cayera de nuevo, recordándome porqué me había alejado de ti.
La voz en mi mente perdió.
En un intento desesperado, mi parte racional se jugó su última carta: preguntarle por aquel sujeto, ¿por qué él no estaba ahí a su lado? ¿por qué tenía que recurrir a mi y no a él? ¿acaso no se supone que él debería ser su primera opción al momento de pedir ayuda? ¿por qué conmigo? ¿por qué no puedes dejarme en paz?
Pero perdí… de nuevo.

Deja un comentario

Archivado bajo Romance

La llovizna

A pesar de estar desde hace semanas en plena época de lluvias, hoy fue el primer día en el que, al salir de la estación del subterráneo, aún caía una ligera llovizna sobre la ciudad. Aún me quedaba una buena caminata hasta la oficina y en ese momento decidí no usar mi paraguas para lo que parecía un breve rocío.
Sin embargo al final tuve que abrirlo en cuanto la llovizna comenzó a arreciar, no era mi intención enfermar aún si fuese del más ligero de los resfriados, llevaba ya un récord libre de dolencias durante los últimos 5 meses y así quería mantenerlo.
Bajo el paraguas seguí el camino de todos los días, gente yendo y viniendo, el sonido de las bocinas de los autos que van y vienen en los dos sentidos de la avenida Reforma, el Auditorio Nacional, más y más autos, transporte público, ciclistas y, de fondo, la música directa a mis oídos desde mi reproductor portátil.
La llovizna por un momento parecía ceder y al siguiente retomaba su fuerza, igual que mi ansia por no querer enfermar. Así seguí mi camino casi hasta el final.
La llovizna parecía haber cedido así que guarde el paraguas al llegar al cruce de Reforma con la llamada “Fuente de Petróleos”, lugar en el que parece abrirse una ventana entre los grandes edificios de acero y concreto desde la que puede contemplarse el horizonte hacía el norte y hacía el sur, por encima del asfalto los árboles y el gris del cielo nublado.
De nuevo la llovizna y el paraguas pedía ser abierto de nuevo, pero una sensación lo detuvo en su lugar. Fue un extraño deseo de contemplar la escena, de sentirla. No podía ignorar ese breve paraíso en el medio de la caótica ciudad. Incluso tenía la sensación de que esa llovizna traía consigo cierta calma, paz, como si purificara el ambiente. Incluso la habitual capa de smog pareció desvanecerse.
Dejó de importar un posible resfriado, a fin de cuentas ¿no había hecho durante estos meses cosas que lo propiciaran más? ¿que daño podía hacer esa leve llovizna?
Dejó de importar todo y lo único relevante por un eterno momento fue la paz del momento y la purificante llovizna.

1 comentario

Archivado bajo Pensamiento

De nuevo la Vendedora de Libros

Giré la cabeza hacia la izquierda y cuan grata sería mi sorpresa al verla venir por el pasillo. Era ella de nuevo, a pesar de los metros de distancia que nos separaban pude ver el brillo de sus ojos a través de sus anteojos y el rubor de sus mejillas.
No podría jurarlo, pero me pareció ver que me sonreía.
Muy a mi pesar tuve que irme y alejarme de nuevo de aquella linda vendedora de libros.

Deja un comentario

Archivado bajo Pensamiento, Recuerdos

La música que me inspira: saurom – la musa y el espiritu

Al momento de escribir hay muchas fuentes de inspiración, casi tantas como escritores hay en el mundo.
Yo “oí” esta canción hace tiempo, pero fue hasta hace unos días que la “escuché”.
La letra habla de una pareja separada por una enfermedad mortal y como uno y otro, a su manera, van por la vida esperando reunirse de nuevo.
Yo viví algo así. Alguna vez amé a alguien con mucha intensidad y vaya que era correspondido. Sin embargo, ella falleció a consecuencia de un ataque de epilepsia. Es cierto que para ese momento habían pasado años desde que la relación había terminado, pero ese sentimiento que alguna vez existió tenía un lugar especial en nuestros corazones.
Al escuchar “la musa y el espíritu” no puedo evitar evocar su imagen.
Gracias Saurom por semejante poesía hecha canción.

Saurom – La musa y el espíritu

Deja un comentario

Archivado bajo Recuerdos, Romance

La vendedora de libros

No era la costumbre de Ariel visitar tiendas departamentales, pero ese viernes tenía que buscar un regalo y no tenía muchas opciones. Dejó su auto en el estacionamiento del centro comercial y se dirigió sin mucho ánimo a la tienda más cercana.

El cumpleaños de su padre sería al día siguiente y no podía llegar con las manos vacías. No es que le pesara celebrar el aniversario pues sentía un aprecio y cariño enorme por su papá, sin embargo había tenido días muy pesados en su trabajo.

Entró a la tienda Liverpool por el segundo nivel, atravesó los pasillos entre ropa para damas y niños hasta llegar a las escaleras eléctricas. Ya en el tercer nivel empezó su búsqueda del regalo. Pasó por el departamento de jardinería, el de ferretería, la zona de cuadros y nada llenaba sus ojos. Vio herramientas de todos tipos y en todas las presentaciones, cuadros bastante modernos con juegos de luces, incluso sofás individuales con sistema de masajes integrados, pero no se decidía por nada. Quería regalarle a su padre algo que realmente le fuera de utilidad.

Siguió caminando entre los estantes de mercancía hasta llegar al departamento de librería. No recordaba haber visto leer a su padre en muchas ocasiones en realidad, por lo que dudó en acercarse a revisar las novedades, aun  así lo hizo sin saber por qué pues él tampoco era un gran lector.

Llegó al primer estante y tomó el primer libro que estuvo a su alcance, y en ese momento quedó congelado. Ni siquiera supo que libro tenía en sus manos ni cuánto tiempo se mantuvo en esa posición, esos ojos enmarcados por unas largas y rizadas pestañas lo habían hechizado desde atrás de los anteojos. La mirada de Ariel pasó de observar esos ojos a fijarse en unas mejillas redondas y con un ligero toque de rubor, y de ahí a los labios húmedos de un tono rojo brillante, y al final se enfocaron en el cabello oscuro cuyas puntas rodeaban ese rostro como las ondas de un río.

Ariel no reaccionaba, no entendía porque ese rostro lo había paralizado. No le era conocido, ni era precisamente la mujer más bonita que había visto. En su trabajo había tenido oportunidad de conocer chicas que él consideraba hermosas, esbeltas, altas, que ponían mucha atención a su arreglo personal; incluso había salido con algunas de ellas. Pero ninguna lo había hechizado de esa forma.

La chica que lo tenía cautivado era empleada de la tienda, de estatura menor a la suya, cara redonda y cabello negro, usaba anteojos que cuidaban unos hermosos ojos de color café. La perturbación de Ariel aumentó en el momento en que se dio cuenta de que la chica iba directo hacía él.

Cerró sus ojos para calmar su nerviosismo. Fue solo por un breve instante, pero suficiente para sentir sus pies despegarse del suelo, como en un sueño, como si la chica lo hiciera volar. Para él era una sensación desconocida, toda una nueva experiencia, tal vez eso era lo que significaba sentir mariposas en el estómago.

La sonrisa de la chica le parecía tan franca, tan sincera. Algo le decía que ella, la vendedora de libros, era la chica con la que quería estar el resto de su vida. No conocía su nombre, no sabía nada de ella, nunca la había visto, pero no tenía duda alguna de que quería estar con la dueña de esos brillantes ojos tan llenos de vida. Él, que pasaba su vida sumido en el ambiente de su trabajo y sus presiones, con la gente de ese círculo, unos pocos que si podía considerar amigos, muchos más que buscaban escalar posiciones sin importar a quien pisoteaban en el camino, mujeres banales preocupadas por el gimnasio y contar calorías pero con una mente y un corazón vacíos. Ella, la chica de la sonrisa franca, le parecía el ser más transparente que había visto en mucho, mucho tiempo.

Ella se acerca y él toma su mano. Ella, a pesar del extraño gesto, sonríe con timidez, confundida, pero sin retirar su mano.

Ariel siente la sedosidad y la tibieza de la piel de la chica. Ariel abre su boca y le dice a la chica que desconoce su nombre, que nunca la ha visto, pero que está seguro de que quiere conocerla, de que quiere estar con ella, de que ellos deben estar juntos. La vendedora de libros lo mira fijamente pensando la respuesta, tal vez pensando en llamar a seguridad, pero no lo hace pues dentro de ella sabe que no corre ningún peligro en realidad; no entiende por completo lo que pasa por su mente ni lo que sucede, no sabe por qué esa persona que ella no conoce la toma de la mano de esa manera, por qué le dice cosas como esas, por qué quiere conocerla. Piensa que debería retirar su mano, duda, y al final se detiene, y entonces siente también la piel de Ariel. Siente la cálida y delicada fuerza con la que sostiene su mano en la suya, le transmite una inexplicable sensación de confianza, de deseo de calma y tranquilidad. Desde dentro de su ser y sin que ella pueda controlarlo fluye una nueva sonrisa hasta sus labios rojos, siente calidez dentro de sí y en los ojos de Ariel encuentra sinceridad.

-Mi nombre es Ana.

-Ana… Es un lindo nombre, lindo como tú.

-¿Y tú cómo te llamas?

-Ariel.

-También es un lindo nombre.

-Gracias. ¿Sabes Ana? Tienes unos ojos muy lindos, y una sonrisa muy bonita.

-Muchas gracias Ariel, me avergüenzas con esos cumplidos.

-Ana, no sé por qué, pero siento como si hubiese estado esperando conocerte desde hace mucho.

-Yo… también siento algo extraño.

-Sé que tal vez no aceptes, no sabes nada de mí, pero ¿aceptarías tomar un café conmigo?

-Si me gustaría, pero, estoy trabajando y no creo poder en este momento.

-Que tonto soy, tienes razón. Te espero a la hora que tú me digas, el día que tú dispongas, en el lugar que más te guste. Te espero dos vidas si es necesario.

-Ariel, no es necesario tanto. A las ocho salgo de trabajar, podemos vernos a esa hora. Espérame frente a la tienda.

-De acuerdo, a las ocho  sin falta.

Ariel soltó su mano, dejó el libro en el estante y regresó a su trabajo, olvidando incluso el regalo que debía comprar, pero deseando que las horas pasaran a la velocidad de la luz. Sería la tarde más larga de su vida esperando ver de nuevo a la vendedora de libros que había capturado su corazón con solo una sonrisa. La vería por la noche, hablarían hasta cansarse, y nunca se separaría de ella. Se conocerían, tendrían un feliz noviazgo que se prolongaría hasta una boda y un  matrimonio próspero. Visualizó el momento de pedirle matrimonio, el momento de darse el sí en una iglesia repleta de flores e invitados felices por ellos. En su mente se dibujó el retrato de la familia que formaría; 2, tal vez 3 hijos, y siempre la sonrisa de Ana y sus brillantes ojos color café.

Sería como un cuento, como un sueño…

-¡Buen día señor! ¿Puedo ayudarle en algo? – Dijo la chica al tiempo que sonreía, haciendo que Ariel abriera los ojos.

Ariel balbuceo un momento sin poder ocultar su nerviosismo.

-Eh, sí. Bueno no sé. Es que… es que estaba buscando… este libro – respondió mostrándole el libro.

-Señor, tiene el libro al revés – dijo la vendedora sonriendo.

-Tienes razón. Creo que, en realidad, estaba esperando por ti – contestó Ariel.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

La Percusionista

Esa mirada. Esos  grandes ojos de un color verde muy claro. Aunque quisiera sacarlos de mi mente sé que no podré hacerlo, no importa cuánto lo intente, aun cuando sólo pude contemplarlos por unos breves minutos.

Han pasado ya varias semanas desde que la vi, 2 o tal vez 3, o más, ya no lo recuerdo exactamente. Pero sus ojos siguen apareciendo cada noche en mis sueños serenándome con la paz que reflejaban. Además, aunque perdió relevancia ante sus ojos, no pude pasar por alto que también era dueña de unas facciones muy finas, muy lindas. Su cabello se veía un poco maltratado, enmarañado, pero era el claro reflejo de la libertad de la que ella parecía disfrutar a cada paso que daba por la vida. Largo  casi hasta la cintura, castaño claro, completamente suelto para juguetear con el aire.

Tan sólo unos instantes duró aquel momento y, sin embargo, se había grabado en mi mente cada detalle de ella.

Me encontraba en un sencillo restaurancito durante mi hora de comida. Solo, en la barra, comía en silencio después de un medio día difícil como habían sido en últimas fechas mis mañanas en el trabajo, y también mis tardes. Mi cabeza le daba vueltas a las posibles soluciones a mis asuntos y tomaba mis alimentos como un simple trámite más por el que tenía que pasar todos los días. Hay que comer, decían los chicos que formaban mi equipo de trabajo, pero yo cada vez le daba menos importancia. No era que quisiera dejarme morir de hambre, era sólo que la vida diaria se volvía  a cada día un asunto más y más cansado.

Veía pasar los días resolviendo los problemas de los demás, buscando dar un buen servicio a nuestros clientes, aguantando llamadas de atención, la gran mayoría infundadas y sin derecho a una réplica de mi parte. Esa era mi vida laboral; hasta que la vi, o, mejor dicho, la escuché.

De pronto un saludo en voz alta dirigido a todos los clientes que estábamos en el local, las buenas tardes y el deseo de estar pasando un excelente día. Era una voz femenina, que en el momento no capturó mi atención, la que pedía también que les diéramos un poco de nuestra atención y que esperaba que nos gustase su música.

Comenzaron a tocar y fue cuando levanté la mirada; eran 3 personas de no más de 28 años según mis cálculos, 2 hombres y ella. Uno de ellos tocaba un pandero, otro una flauta y ella un par de pequeños timbales. Ellos vestían camisetas y pantalones con un ajuste muy flojo, ella un vestido muy holgado con la falda hasta los talones y sandalias de cuero.

Tocaron y bailaron tratando de contagiarnos un poco de su alegría, aunque cuando me topé de frente con sus ojos ya no supe de nada más; brillaban como auténticos diamantes iluminando su rostro y su sonrisa. Su largo cabello se agitaba al compás de su baile y su sonrisa invitaba a no dejar de contemplarla. En realidad era una chica muy linda que no requería de más maquillaje en su rostro que esos hermosos ojos claros. Ella giraba alegre, tocaba con ritmo, sonreía plena de libertad; y me tenía embrujado.

Algo pasó en ese momento y ya no pude concentrarme en nada más, olvidé los problemas y las diferencias laborales, olvidé todo, incluyendo mi comida.

¿Cuanto tiempo pasó? No lo sé, tal vez 5, 10 minutos, pudo haber sido el resto de mi vida y no me habría importado mientras estuviese contemplando sus ojos.

Cuanto no sería su encanto que, al final, la dueña del restaurante les ofreció quedarse a comer aunque ellos no aceptaron, sólo le pidieron un poco de agua, la cual  disfrutaron como si bebieran de un manantial en medio del desierto. Agradecieron con tal efusividad a la dueña del local, llamándola inclusive “madre”, que ella les dio sus bendiciones.

Al marcharse sentí tal vacío que el resto de mi comida adquirió un insípido sabor a soledad.

Aquel día siguió su curso cómo todos los otros, sin grandes cambios, al igual que el siguiente y el siguiente, pero en mi mente algo se había movido. Sus ojos, su sonrisa, su cabello, toda ella seguía ahí, en mis recuerdos. La sensación de libertad que ella destilaba parecía haber permeado dentro de mí. Cada vez eran más frecuentes mis pensamientos hacia ella, y cada vez eran más fuertes mis deseos de buscarla cuando tenía algún problema en mi trabajo.

Unas semanas después, 3 o tal vez 4, no lo sé con exactitud, me rendí ante mis pensamientos. Fue una noche de viernes que pasé en vela meditando sobre mi vida, lo que había dejado en el camino por buscar un progreso económico, por crecer en mi carrera, lo que había aguantado por lograrlo, y lo que había conseguido a cambio de ello. Cada escena desfiló en mi mente, cada pequeño triunfo, cada enojo, y al final hice un balance. No me arrepentía y nunca lo haría, había tomado mi decisión en su momento y nunca pondría un “si yo hubiera” de por medio. Pero era momento de cambiar el rumbo, redescubrir mis viejos sueños, mis ideales pre-empresariales. Era momento de buscar mi libertad, eso era lo que me había hechizado de ella, sus ojos reflejaban libertad.

Dejé todo y el lunes siguiente no regresé a mi trabajo. Comencé a buscarla por la ciudad al mismo tiempo que me redescubría a mí mismo. Pregunté por ella en el mismo lugar donde la había visto por primera vez, pero desde aquel día ya no habían regresado.

Recorrí parte del centro de la ciudad, la mayoría de las estaciones del subterráneo, terminales de autobuses, zonas de oficinas, las cercanías de las universidades públicas, mercados populares, etc. etc., pero no conseguí nada.

Han pasado al menos 4 meses desde aquel día en que su mirada me mostró una realidad olvidada para mí. Aún no he logrado encontrarla y aunque sea posible que ella haya cambiado en algo su apariencia, se que reconoceré esos hermosos ojos claros cuando los vuelva a ver, y cuando eso suceda le daré las gracias porque por ella me reencontré conmigo mismo, le mostraré esta pequeña historia acerca de cómo decidí abandonar mi antigua vida después de soñar con sus ojos durante días y días. Y es que esta historia ha sido el inicio de lo que soy ahora: alguien que ha encontrado dentro de sí mismo a un escritor dormido durante años que está luchando por despertar, por encontrar su estilo y su lenguaje.

No importa el tiempo que tarde en encontrarla, se que algún día volveré a ver a la percusionista que aquel día me devolvió mi libertad.

 

 

Publicado en El Relato del Mes: 

http://elrelatodelmes.com/2013/02/16/la-percusionista-agustin-gonzalez-calderon/

Deja un comentario

Archivado bajo Relato